Estamos en pleno verano. El calor aprieta, y los ojos de medio mundo se centran en el fútbol, en ese gran evento que cada 4 años atrae todos los focos del planeta. En especial los del público español, que en esta edición, la primera en el continente africano, tiene la oportunidad histórica de ver a su selección, tradicionalmente derrotista, jugar una final que siempre se le había resistido e hipotéticamente ganarla.
Pero el Mundial acaba este domingo. Sin esa gran distracción que es el deporte rey, tendremos que encontrar alguna manera de matar las horas para cuando la playa (o cualquier otro sitio de recreación veraniega) empiece a hastiar. Una de tantas opciones es el cine, ahora que, quien más y quién menos, tiene más tiempo disponible para su tiempo de ocio. Todavía con una nube “crepuscular” sobre el cielo, la temporada veraniega, como siempre, no se presenta nada exultante, ni siquiera con superproducciones de peso. Aunque, por fortuna, el panorama está algo mejor del espantoso cartel primaveral que, menos mal, acabamos de dejar, donde ni siquiera los taquillazos (como Alicia o Robin Hood) han estado a la altura.
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