Por desgracia para la mayoría, el verano ha llegado a su fin, aunque estrictamente hablando aún le quede una semana y el astro rey se empeña en deleitarnos (o torturarnos) con sus rayos más fuertes. Y con él, se va también la serie que nos ha acompañado en estos tres calurosos meses, desde que su tercera temporada aterrizó en junio, todavía bajo la resaca del controvertido final de Lost. Una serie con un contenido, una temática y un tono idóneos para la temporada estival, por otra parte, poco pródiga en cuanto a ficción televisiva.
Una tercera temporada que empezó con importantes novedades, que en su mayoría han resultado ser primordialmente vehiculares, o incluso mcguffins. Un volumen en el que la serie se ha hecho cada vez más coral, con multitud de tramas, complementarias o aisladas, que dibujaban un mosaico bien diferente al de las dos primeras temporadas, donde una o como mucho dos grandes megatramas copaban la práctica totalidad de la narración.





