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jueves, 25 de marzo de 2010

HUNGER (2008) de Steve McQueen. Análisis crítico (5/5)


HUNGER: EL CUERPO COMO
ESCENARIO DEL CONFLICTO

Eloy Domínguez Serén

CAPÍTULO V: LA REPRESENTACIÓN DE LA NUEVA CARNE

Hunger es, ante todo, un estudio del cuerpo humano. Desde el primer plano del film, en el que el guardia Raymond Lohan baña en agua caliente sus nudillos destrozados, la obra de Steve McQueen plantea una reflexión acerca de los límites del cuerpo humano, tanto desde el punto de vista de la fisiología como de la moralidad.
Tal y como señala el escritor y periodista Sukhdev Sandhu, esta película es “un inolvidable retrato de la masculinidad maltratada y automaltratada, un visceral (…) despertar de los recuerdos reprimidos” [1]. Las relaciones entre los personajes masculinos de esta película se caracterizan por la crueldad, la brutalidad, el desprecio, la humillación… en definitiva, por la carencia absoluta de humanidad.
Su convivencia se rige por una despiadada lucha de poder y autoridad. Si bien los guardias manifiestan su dominio sobre los presos a través de la degradación y el maltrato físico, los reclusos republicanos sacrifican su cuerpo como expresión última de su libertad. En contraposición a la idea platónica del cuerpo como prisión del alma, los miembros del IRA revelan a través de su carne la voluntad de su alma.

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sábado, 13 de marzo de 2010

HUNGER (2008) de Steve McQueen. Análisis crítico (4/5)


HUNGER: EL CUERPO COMO
ESCENARIO DEL CONFLICTO

Eloy Domínguez Serén

CAPÍTULO IV: CINE E HISTORIA, POLÍTICA Y TERRORISMO

Si bien en el capítulo introductorio señalábamos que Hunger representa una anomalía, desde el punto de vista de su planteamiento formal, respecto a las propuestas cinematográficas que tradicionalmente han examinado el conflicto irlandés; la cinta de Steve McQueen comparte con todas ellas el estatus de cine político, así como una voluntad manifiesta de exponer un acontecimiento histórico real. Sin embargo, la categoría de cine histórico, apoyada en la interpretación de los hechos a la hora de construir sus tramas, ha sido habitualmente desacreditada por determinados sectores bajo la acusación de no ser un soporte lícito para la construcción del discurso histórico.
Prueba de ello, por ejemplo, fue la conocida queja que, en 1935, el historiador Louis Gottschalk remitía a la Metro-Goldwyn-Mayer, en la que denunciaba que “en la medida en que el cine toma con tanta frecuencia temas de la Historia, se ha de sentir obligado – ante los profesionales de la materia y ante la propia disciplina – a ser más preciso”. Y sentenciaba que “ninguna película de naturaleza histórica debe ofrecerse al público hasta que un reputado historiador la haya criticado y corregido” [1].

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martes, 2 de marzo de 2010

HUNGER (2008) de Steve McQueen. Análisis crítico (3/5)


HUNGER: EL CUERPO COMO
ESCENARIO DEL CONFLICTO

Eloy Domínguez Serén

CAPÍTULO III: EL AUTOR

Steve McQueen se dio a conocer en el panorama artístico internacional en 1999, al ser galardonado con el prestigioso Turner Prize [1] por su instalación Deadpan, proyecto en que se incluía una pieza audiovisual inspirada en la célebre escena de El héroe del río (Steamboat Bill Jr., 1928), en la que Buster Keaton sale indemne tras caérsele encima la fachada de una casa.
McQueen (Londres, 1969), descendiente de inmigrantes afro-caribeños, estudió arte y diseño entre 1990 y 1993 en el Chelsea College of Art and Design y fine art, en el conocido Goldsmiths Collage de la University of London, desde donde se trasladó a la Tisch School de la Universidad de Nueva York, en la que comenzó a desarrollar sus primeros trabajos en el campo del arte audiovisual.

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viernes, 19 de febrero de 2010

HUNGER (2008) de Steve McQueen. Análisis crítico (2/5)


HUNGER: EL CUERPO COMO
ESCENARIO DEL CONFLICTO

Eloy Domínguez Serén

CAPÍTULO II: TRAMA Y ESTRUCTURA

La acción de Hunger se sitúa en el marco de los últimos meses de las denominadas “blanket protest” (protesta de la manta) y “dirty protest” (protesta sucia), protagonizadas por presos republicanos irlandeses entre 1976 y 1981 en la prisión de Maze, en Irlanda del Norte. Los reclusos republicanos recurrieron a estas protestas con el fin de reivindicar su carácter de presos políticos después de que el gobierno británico suprimiese el ‘estatus de categoría especial’ para todos los prisioneros paramilitares en 1976.
Ante la ausencia de resultados, la protesta aumentó optándose en octubre de 1980 por una huelga de hambre que concluiría en diciembre, al creer los republicanos que finalmente se había llegado a un acuerdo con el gobierno británico que permitiría la satisfacción de sus exigencias. Las promesas no se materializaron y en marzo del 1981 el “Officer Commanding” del PIRA[1] en Maze, Bobby Sands, comenzó una nueva huelga de hambre que se cobraría su propia vida y la de otros nueve presos republicanos (Alonso, 2003, p.179).

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domingo, 7 de febrero de 2010

HUNGER (2008) de Steve McQueen. Análisis crítico (1/5)


HUNGER: EL CUERPO COMO
ESCENARIO DEL CONFLICTO

Eloy Domínguez Serén

CAPÍTULO I: INTRODUCCIÓN

Steve McQueen no es un cineasta. Steve McQueen es “un artista que ha hecho una película”[1]. O, en otras palabras, es “un ‘outsider’ (forastero/intruso) en el mundo cinematográfico”[2]. Por lo tanto, es necesario realizar un análisis de Hunger (2008), debut en el largometraje de ficción de este creador británico, no sólo desde el punto de vista del lenguaje cinematográfico, sino en relación a los parámetros del marco del arte contemporáneo.
Una muestra de la condición de no-cineasta de McQueen es el Premio Gucci con el que fue galardonado en la 65 Mostra Internazionale d'Arte Cinematografica di Venezia, una categoría en la que, según lo estipulado por la organización del certamen, se condecora a “un artista internacionalmente reconocido que en los últimos dieciocho meses (anteriores a la inauguración) se haya distinguido en el cine en el rol de realizador, actor, guionista, director artístico o director de vestuario”[3].

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miércoles, 28 de octubre de 2009

SEMINCI 2009 - SEPTIEMBRE DEL '75 (2009) de Adolfo Dufour




HOMENAJE A UNA LUCHA INCANSABLE

Julio C. Piñeiro

La sección documental de la SEMINCI, Tiempo de Historia, se ha constituido siempre como un atril donde puedan expresar su voz los olvidados, aquellos que nunca coparán la actualidad informativa aunque sus causas claramente lo merezcan.

Éste es el caso de la familia Baena y, en concreto, de Flor Baena, hermana de uno de los cinco últimos ejecutados por el régimen franquista, el vigués militante del FRAP Xosé Humberto Baena. La lucha incansable de Flor Baena y su familia por limpiar el nombre de su hermano todavía continua, pese a esa Ley de Memoria Histórica que no es más que un quimérico e insuficiente remendón a esa verdad a medias que fue la Transición, cuya principal premisa fue hacer del olvido una virtud. Esa es la principal razón de ser del documental denunciante y reivindicativo Septiembre del '75, cuyo director, Adolfo Dufour, equiparó a Flor Baena con las sí célebres madres de la Plaza de Mayo.

Pronto se puede apreciar un arduo y minucioso trabajo de investigación, que se hace ver mediante la inserción de documentos oficiales, periódicos, cartas, etc. Con todo ello, el documental arroja una luz impecable sobre aquello que todos saben pero pocos se han atrevido a profundizar y mucho menos a relatar: las cinco últimas condenas a muerte del franquismo, que fueron a parar a tres miembros del FRAP y dos de ETA, se decidieron literalmente a dedo, ya el número de condenas, como sus destinatarios, como necesarios (para el régimen que daba sus últimos coletazos) chivos expiatorios ante la avalancha de violencia, recíproca, existente durante esos meses, que acabó con la muerte de tres miembros de los cuerpos de seguridad del Estado.

Parafraseando a Esquilo, la violencia es el germen del mal. He aquí la idea controladora del documental. Trata tres niveles de violencia progresivamente y consecuentemente engendrados: la violencia represiva del Estado ante cualquier movimiento reivindicativo o insurgente, la violencia con la que contesta el FRAP cuando toma la controvertida decisión de pasarse a la lucha armada, y finalmente, la pena de muerte, no sólo en este caso concreto sino en cualquier tiempo y lugar.

A partir de testimonios que nos ponen la piel de gallina, cuyos relatores parecen haber vivido el día anterior, nos describen las aberraciones de ese Consejo de Guerra Sumarísimo que acabó con esas cinco ejecuciones: la falta total de garantías, la negación a aceptar cualquier tipo de pruebas (muchas de la cuales hubiesen probado la inocencia de Xosé Humberto), y la aleatoriedad con que se se determinó quienes serían los cabezas de turco.

Ni la insistencia de la familia, que en un acto desesperado se dirigió por correspondencia al mismo Príncipe Juan Carlos, contestando éste que estaba fuera de sus manos; ni la fuerte presión extranjera, con protestas en toda Europa, retirada de embajadas o incluso una llamada personal del Papa Pablo VI al mismo Franco la noche anterior a la ejecución, fueron capaces de lograr el indulto. Mientras tanto, por las calles españolas imperaba ese clima de miedo, miedo a un régimen que quería morir matando, que se le iba el país de las manos. Así pues, cobran una connotación aún más fuerte las archiconocidas imágenes de la intervención de un Franco moribundo en la plaza de Oriente, coreado por cientos de incondicionales (o simplemente gente intimidada por ese clima de miedo), y defendiéndose, a duras penas, con temblores ya evidentes, de todas las acusaciones y condenas extranjeras, alegando todavía a esas alturas los caducos y pueriles postulados de la conjura masónica y la conspiración comunista.

La familia Baena todavía no ha conseguido justicia, pero lo seguirán intentando hasta el final. Tanto su incansable y valiente lucha como el arriesgado empeño de Dufour por enseñársela al público, en una coyuntura política que intenta huir, al contrario que en otros países, de las representaciones críticas del pasado más reciente, fueron dignos merecedores de unos calurosos y sinceros aplausos.

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jueves, 15 de octubre de 2009

ÁGORA (2009) de Alejandro Amenábar


EL CIELO SOBRE ALEJANDRÍA


Eloy Domínguez Serén

A pesar de que durante los últimos años se ha establecido una asociación implícita entre los términos ‘fundamentalismo’ e ‘islámico’, la definición de fundamentalismo implica todo posicionamiento radical que imponga los principios de una doctrina o ideología como inamovibles y absolutamente verdaderos. Así, aplicado a la religión, el fundamentalismo supone el sometimiento a la literalidad e infalibilidad de los libros sagrados. Esta intransigencia extrema es el detonante de la escena clave de Ágora, en la que Cirilo, obispo de Alejandría, lanza un durísimo alegato contra la mujer a través de la lectura de un pasaje de las sagradas escrituras.

Esta secuencia es el punto de confluencia de dos tramas que, hasta ese momento, habían avanzado de modo paralelo, aunque no estrictamente interdependiente. Por un lado, el progresivo alzamiento del sectarismo y fanatismo cristiano en la Alejandría del siglo IV d.C. Por otra parte, el retrato hagiográfico de una filósofa que dedica su vida a la astronomía. Por lo tanto, la importancia del discurso de Cirilo es la de aunar diferentes tesis expuestas en el film: la caída del esplendor clásico en detrimento del fanatismo religioso, la derrota del pensamiento empírico frente al fundamentalismo y el bloqueo a las libertades de la mujer a través de doctrinas intolerantes.

En los tres casos podemos establecer sendas analogías con preocupantes circunstancias actuales, incluso a través de la vigencia de acciones tan espeluznantes como la lapidación. En este sentido, la metáfora es irreprochable. Sin embargo, más allá de lo simbólico, ambas tramas se caracterizan por un tono frío, distante y excesivamente explicativo y didáctico. La historia no engancha ni emociona y difícilmente entretiene. La propuesta tiene la virtud de desvincularse de la mera espectacularidad de este tipo de superproducciones, pero tampoco resulta efectiva en su búsqueda de trascendencia. En este contexto, los personajes son un mero vehículo para articular la materialización de la barbarie, carecen de profundidad e imposibilitan la empatía, hasta el punto de que incluso la protagonista Hypatia (Rachel Weisz) se antoja apática.

En términos generales el resultado de Ágora es insuficiente y los trazos de genialidad que han definido a Amenábar a lo largo de su carrera apenas se contemplan en la majestuosidad con que se reconstruye la mítica Alejandría o la excelente ambientación del ocaso de una de las más esplendorosas civilizaciones de la historia de la humanidad.


Título: Ágora

Dirección: Alejandro Amenábar

Guión: Alejandro Amenábar y Mateo Gil

País: España, EEUU

Reparto: Rachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac, Michael Lonsdale

Fotografía: Xavi Jiménez

Vestuario: Gabriella Pescucci

Duración: 126 min.

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