lunes, 30 de agosto de 2010

EMMYS 2010: LA CRÓNICA


TRIPLETES, SORPRESAS
Y DECEPCIONES



Julio C. Piñeiro

Un año más, se despide el verano con la gran fiesta de la ficción televisiva, la gala con los grandes apartados de los Emmy del Primetime, cuya primera ronda tuvo lugar el fin de semana anterior, con la entrega de los Creative Arts. Algunos premios estaban cantados, otros dejaron a todos boquiabiertos. No hubo quiniela con pleno: por ejemplo, la nuestra acertó poco más de la mitad. Y como hablar de justicia resulta algo quimérico, sí se puede decir que primó la calidad sobre la popularidad. La AMC se coronó como la nueva e indiscutible reina, con el tercer triunfo consecutivo de Mad Men y de Bryan Cranston (Breaking Bad), dos de los grandes triunfadores de la noche. Cal y arena para la ABC: Modern Family, como se podía advertir con el cambio de viento en las últimas semanas, doblegó al vendaval Glee; en cambio, los académicos no cedieron a la presión de los fans y Perdidos se fue completamente de vacío: ni siquiera Terry O’Quinn o Michael Emerson pudieron llevarse la consolación particular de una serie que ha hecho historia, pero que perdió muchos enteros en una lamentable última temporada.
Tripletes
No estoy hablando de fútbol ni de cualquier otro deporte. Estoy hablando del triunfo de Mad Men por tercera edición consecutiva en la categoría reina del drama. Los publicistas de Madison Avenue toman el testigo de las grandes series de la HBO (recordemos que su creador, Matthew Weiner, trabajó en el equipo de guionistas de Los Soprano) y se constituyen como el perfecto ejemplo de televisión de calidad, en todos los aspectos: visual, narrativo e interpretativo. Un Weiner que también se llevó el galardón a Mejor Guión de Drama por la sensacional finale de la 3º temporada, Shut the door, have a seat.

Por otro lado, Bryan Cranston, el mítico padre de Malcolm, que hace tres años decidió introducirse en el arduo negocio de la fabricación y tráfico de drogas de síntesis como método de subsistencia, vio reconocida su monstruosa interpretación por tercer año consecutivo, en una edición donde no le faltaba competencia: Michael C. Hall, Jon Hamm y Hugh Laurie podrían haber sido unos vencedores ideales si no fuese por la presencia de este enfermizo narcotraficante. Lo mejor es que también ha contribuido, de manera considerable, al triunfo de su compañero de reparto, Aaron Paul, con el que se complementa y compenetra a la perfección, y que se impuso a los geniales secundarios de Lost (lo único salvable de su última temporada).

Sorpresas


La designación de Modern Family, esa revolucionaria sitcom familiar con estética de falso documental, como Mejor Serie de Comedia, no sorprende a nadie. Aparece ubicada en este bloque debido al alto grado favoritismo con el que parecía partir Glee, su gran competidora. Un viento de favoritismo que fue cambiando de dirección en las últimas semanas, como se pudo apreciar en el triunfo de su casting en la ronda de los Creative Arts. Su formato coral tenía que valer, sí o sí, el premio a alguno de sus actores. Finalmente no fue Ty Burrell pero sí Eric Stonestreet, el rollizo y jocoso Cameron Tucker, quien alzó la estatuilla de Mejor Secundario de Comedia, por delante de un Neil Patrick Harris que se volvió a quedar con la miel en los labios. La nueva serie reina de la comedia se llevó otro premio más bajo el brazo, el de Mejor Guión de Comedia, por su redondo y definitorio piloto.
Lo que sí resultó en auténticas sorpresas fueron dos de las cuatro grandes categorías actorales. Kyra Sedgwick no se lo podia creer: tras cuatro años quedándose sentada en el asiento, a la quinta fue la vencida. Quien la sigue, la consigue. La tenaz Brenda Leigh de The Closer se llevó el gato al agua en una edición en la que ni mucho menos partía de favorita. Glenn Close (que no pudo completar el tercer triplete de la noche), Julianna Margulies (con el Globo de Oro bajo el brazo) o incluso January Jones partían con más opciones. En el homólogo masculino de comedia, sólo los más acérrimos seguidores de The Big Bang Theory podían esperar el triunfo de Jim “Sheldon” Parsons, en un apartado que, por otra parte, no contaba con un candidato indiscutible, pero sí con monstruos de la talla de Steve Carell, Alec Baldwin, Larry David o Tony Shalhoub.

Decepciones


Si hay una gran derrotada esta noche, no es otra que Perdidos. Pese a la horrenda última temporada y el controvertido final, muchos de sus incondicionales esperaban que la serie más popular de los últimos años se beneficiase de un “efecto finale” similar al que encumbró a El retorno del rey en los Oscars. Se refugiaban en los alicientes que supusieron las numerosas nominaciones o la inclusión, haciendo una pequeña excepción en las reglas, de su largo final, The End. Pero a su cada vez más maltrecha calidad, teníamos, en una proporcionalidad inversa, una ilustre y potente lista de competidores, con los que no tendría nada que hacer en condiciones normales. Únicamente pintaba bien la cosa para Terry O’Quinn o Michael Emerson (y para el fabuloso Michael Giacchino, que se fue injustamente de vacío en los Creative Arts), dos grandes intérpretes, con personajes controvertidos y difíciles, más en esta última temporada llena de cambios y mundos paralelos. Al final, ni siquiera eso. Está claro que se debe premiar con la cabeza, y no con el corazón. Por tanto, ni mucho menos se ha cometido una injusticia con una serie que no ha sabido culminarse. Aunque los fans no deben desistir: se dice que existe, en algún lugar del universo, una línea (a)temporal alternativa en la que Perdidos se lleva todos los galardones.

Decepción asimismo la de Glee, que no hubiese sido tan sonada de no ser por la aplastante atmósfera de favoritismo con la que lleva irrumpiendo desde los Globos de Oro (cuya poca coincidencia con los Emmy parece constituir ya una norma canónica). La serie juvenil de la temporada, aunque llena de estereotipos (a veces hábilmente exagerados) en los personajes y las tramas, es innegablemente divertida, y aunque nada innovadora, sí resulta fresca, más que nada por no haber igual que ella en el panorama catódico actual. Pero a pesar de ello, no llega al nivel de la triunfadora, Modern Family, ni al de otras contendientes como The Office o Rockefeller Plaza. Con todo, Glee no se fue de vacío, y trajo bajo el brazo dos merecidos galardones: Mejor Secundaria de Comedia para Jane Lynch, sensacional en la recreación de la fría, rocosa e impasible Sue Sylvester; y Mejor Dirección de Comedia, para su creador, Ryan Murphy, por la versión extendida del piloto. Hablando de Rockefeller Plaza, tenemos otra gran derrotada. Triunfadora habitual en los últimos años, su reinado ha llegado a su fin de la peor manera posible: con las manos vacías. Ni siquiera Tina Fey ha renovado un galardón que fue a parar, muy merecidamente, a Edie Falco, por su cambio de registro en la novedosa Nurse Jackie.

Seguimos con los chascos, aunque no tan clamorosos. Neil Patrick Harris parece ser el eterno aspirante: aunque fue uno de los nombres propios de la gala de los Creative Arts, donde hizo doblete, el premio más importante era el que estaba ayer en liza. Pero su problema tiene nombre de serie, y se llama Modern Family. Pero bueno Barney, fíjate en Kyra Sedgwick, a la quinta; así que no desistas, tarde o temprano caerá. Dexter tampoco tenía las de ganar, por lo que su fracaso es, como mínimo, bastante relativo. Tras el triunfo de John Litgow la semana pasada, las esperanzas se centraban en Michael C. Hall (ganador del Globo de Oro), con el cual se especulaba acerca del efecto que su enfermedad, en remisión, pudiese tener en el jurado. Al final, el soberbio Walter White fue un manjar demasiado irresistible para el jurado. Con todo, la serie estrella de la Showtime alzó el galardón a la Mejor Dirección de Drama, por el grandioso The getaway.
Lo que viene ahora no se puede catalogar de fracaso ni de decepción, sino más bien como males menores o “hubiera estado bien si también…”. The Pacific arrasó en las categorías técnicas de los Creative Arts (siete estatuillas de 24, nada mal) y culminó ayer con el premio a la Mejor Miniserie, del que nadie dudaba. Pero no pudo completar su hegemonía en los apartados de Dirección (que fue para Temple Grandin) y Guión (para You don’t know Jack), categorías donde competía directamente con los telefilms y donde aparecía doblemente nominada. Por último, la agencia de la Madison Avenue llevó el mayor reconocimiento colectivo (también el premio al casting la semana pasada), pero les faltaron los individuales. Jon Hamm, January Jones y John Slattery tenían poco que hacer. Eran las chicas de la oficina, las igualmente sensacionales Elisabeth Moss y Christina Hendricks, las que parecían que iban a poner la guinda a la noche de Mad Men. Pero se quedaron con la miel en los labios, y no fue Rose Byrne quien las privó de subir al escenario, sino Archie Panjabi, la consolación para The good wife.
A modo de mención, destacar la perenne hegemonía de la HBO en los formatos cerrados, no solo por The Pacific, sino también por los telefilms. Suyos fueron los dos triunfadores de la noche. Éxito rotundo de Temple Grandin, que triunfó en todas las categorías a las que aspiraba. Se erigió como el Mejor Telefilm y le valió los galardones a su director, Mick Jackson, y a sus intérpretes, la protagonista Claire Danes y los secundarios David Strathairn y Julia Ormond. Vaya reparto, pero todavía mejor el de You don’t know Jack, dirigido por Barry Levinson, que se alzó con el premio al Mejor Actor Protagonista, el clásico y siempre genial Al Pacino, y al Mejor Guión, para Adam Mazer.
Lista completa de premiados

3 comentarios:

Marsu dijo...

Apenas uso mi blog y no me acuerdo ni lo que escribí en él, pero decirte que te metí en mi lista de "sitios frecuentados" porque entre otras cosas, me encanta como escribes :)

Isabel dijo...

Me alegro mucho del resultado de los Emmys porque me encanta Modern Family, me parece una comedia original e inteligente.
Traté de ver Glee un par de veces pero no me convence nada...

Julio C. Piñeiro dijo...

Marsu, me alegro de que te guste el blog.

Isabel, Modern Family es la justa vencedora. Aunque Glee quizás sea la peor de las nominadas a comedia (había mucho nivel), es muy divertida, lo que se dice un "placer culpable".