
EMIGRACIÓN E INTEGRACIÓN
Eloy Domínguez Serén
Podría decirse que durante diez meses, desde septiembre de 2008 hasta junio de 2009, fui ciudadano milanés. Un ave de paso, en efecto, pero durante el tiempo suficiente para experimentar un inevitable proceso de integración. Insistiré en este término a lo largo de todo el texto, ya que lo considero fundamental (1). Tal y como sucede a Simone, el segundo de los hermanos Parondi, mi fascinación por la capital lombarda fue absoluta desde que puse mis pies en la Stazione Centrale de Milán, punto exacto en el que comienza Rocco y sus hermanos (Rocco e i suoi fratelli), obra maestra absoluta del melò italiano.
La llegada de la familia Parondi a Milán es, en efecto, el punto de partida más lógico para narrar la historia de una de tantas familias del sur de Italia que a lo largo de todo el pasado siglo huyeron hacia el norte en busca de una vida mejor. Sin embargo, la versión definitiva del guión de Rocco y sus hermanos comenzaba en la localidad de Luca, pueblo natal de los Parondi. Un episodio que, de hecho, nunca fue rodado.






