miércoles, 4 de noviembre de 2009

VÍDEO: LUIS BUÑUEL. ATEO GRACIAS A DIOS






ATEO GRACIAS A DIOS
Eloy Domínguez Serén


Apenas dos meses después de la llegada del siglo XX nacía en el pueblo aragonés de Calanda el que hoy es considerado uno de los cineastas más importantes de la historia del séptimo arte. Esta fecha de nacimiento sería toda una premonición, ya que toda la vida de Luis Buñuel estuvo estrechamente ligada a algunos de los acontecimientos históricos y culturales más importantes del siglo pasado. Así, el aragonés formó parte activa de la Generación del 27, vivió en primera persona la Segunda República Española y la Guerra Civil, inició su carrera profesional en la París de las Vanguardias, donde llegó a ser una figura destaca en el grupo surrealista, y participó en el desarrollo del cine comercial español, el auge del cine documental americano (país en el que padeció las consecuencias de la ‘Caza de Brujas’ encabezada por el senador McCarthy) o el florecimiento del cine mexicano.
Para un cineasta como Buñuel, cuya filmografía refleja con astucia su propia biografía, la vivencia de estos acontecimientos fue una fuente inagotable de constante renovación temática e ideológica en su obra. Sin embargo, a pesar de las notables diferencias que podemos hallar a lo largo de las diversas etapas de su filmografía, algunas obsesiones buñuelianas son tratadas y reinterpretadas una y otra vez en la práctica totalidad de su carrera. De todas ellas, tal vez la más importante sea la religión, un tema en el que Buñuel llegó a ser, a pesar de confesarse ateo, un gran erudito.
Desde su primera obra cinematográfica, Un perro andaluz (Un chien andalou, 1929), hasta la última, Ese oscuro objeto del deseo (Cet obscur objet du désir, 1977), la filmografía de Buñuel esta plagada de constantes referencias explícitas e implícitas al catolicismo, doctrina en la que el de Calanda fue educado durante su infancia y adolescencia con los jesuitas de Zaragoza. Así, atendiendo al peso que la religión tiene en sus películas, podemos establecer dos vertientes en su cine: su fase de ateísmo explícito y militante, caracterizado por un exacerbado anticlericalismo y por la representación del pecado, el infierno y un Dios severo y castigador; y su llamado ciclo religioso, formado por Nazarín (1959), Viridiana (1961), Simón del desierto (1965) y La vía láctea (La voie lactée, 1969), en el que la componente religiosa no sólo es explícita, sino que es el tema capital.
El objetivo de este montaje es, por lo tanto, el de un proceso de inmersión en el universo cinematográfico buñueliano, que permita un acercamiento a la comprensión y reflexión acerca del particular modo en que el realizador trató, desde múltiples perspectivas, aspectos como el clericentrismo, la fe, el pecado, el infierno, la muerte o la redención.

LUIS BUÑUEL. ATEO GRACIAS A DIOS de Eloy Domínguez Serén from EloyVanClift on Vimeo.

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sábado, 31 de octubre de 2009

EL IMAGINARIO DEL DOCTOR PARNASSUS - The Imaginarium of Doctor Parnassus (2009) de Terry Gilliam




MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES
Eloy Domínguez Serén


Sin lugar a dudas, Terry Gilliam posee dos notables cualidades que lo han proyectado como director de culto en determinados círculos cinematográficos. Por una parte, una capacidad creativa desbordante. Por otra, un feroz instinto de supervivencia. Ambas virtudes, determinantes en el temperamento indómito del cineasta, han sido imprescindibles para que El Imaginario del Doctor Parnassus no haya tenido el mismo fin que el frustrado The Man Who Killed Don Quixote, cuyo accidentado y delirante rodaje interrumpido una semana después de su comienzo se recogió en el recomendable documental Lost In La Mancha (2002).
La leyenda de ‘director maldito’ de quien en su día había sido miembro de los Monty Python no hizo más que acentuarse la noche en que el malogrado actor australiano Heath Ledger fue hallado sin vida en su apartamento de Manhattan en plena fase de rodaje de El Imaginario del Doctor Parnassus. Esta circunstancia extrema, aunque no es inédita, podría haber echado por tierra cualquier proyecto. Sin embargo, el director de Doce Monos ha logrado salvar esta trágica adversidad de un modo magistral.
Así, el personaje de Tony es representado a lo largo del film hasta por cuatro actores diferentes, además de Ledger, Jude Law, Colin Farell y Johnny Depp, este último fantástico durante los pocos minutos en los que participa en la cinta. De hecho, el propio Depp hace referencia durante su discurso, en clara alusión a Ledger, a la inmortalidad de aquellas estrellas que adquieren carácter de mito a raíz de su inesperada muerte. Los geniales Christopher Plumier y Tom Waits completan el reparto de lujo de esta película.
El controvertido cineasta despliega todo su ingenio y extravagancia en la creación de un particular universo onírico, retratado a menudo con maestría en espectaculares tomas en gran angular. No obstante, esa misma inventiva de la que hace gala Gilliam acaba por condenarlo en su empeño por explotar una artificiosidad tan fantástica (en todas sus acepciones) como vacua, en la que las notas dominantes son el exceso y la ostentosidad y toda la majestuosidad visual de la que hablamos se pone a disposición de una historia absurda, pretenciosa y disparatada, cuya trama deja bastante indiferente.
Una vez más, Terry Gilliam demuestra que su imaginario es ilimitado, pero ni siquiera la fascinación estética de este film evita que naufrague en las aguas del “mucho ruido y pocas nueces”.
Título: El imaginario del Doctor Parnassus
Titulo original: The Imaginarium of Doctor Parnassus
Nacionalidad: Francia / Canadá / Inglaterra
Director: Terry Gilliam
Guión: Terry Gilliam y Charles McKeown
Intérpretes: Heath Ledger, Johnny Depp, Colin Farrell, Jude Law, Christopher Plummer, Lily Cole, Tom Waits, Verne Troyer
Música: Jeff Danna y Mychael Danna
Fotografía: Nicola Pecorini
Montaje: Mick Audsley
Duración: 122 min

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jueves, 29 de octubre de 2009

SEMINCI 2009 - DOC-MUSIC





TIEMPO DE MÚSICA

Julio C. Piñeiro

Como en cada edición, la cuidada y variada selección de documentales la podemos encontrar dentro de la sección Tiempo de Historia, aunque esta vez, hay una importante presencia de la música y sus diferentes temáticas.
Historia de un grupo de rock, proyección especial fuera de concurso, es la primera propuesta documental del cineasta vasco Juanma Bajo Ulloa (director de la mítica Airbag o más recientemente Frágil). Todo empezó cuando éste recibió el encargo por parte de Mariano Casanova, cantante y alma del grupo de rock zaragozano Distrito 14, de grabar su último concierto, con el que ponían punto y final a 26 años de carrera. Una carrera con altibajos, de proyección internacional (vemos sus grabaciones y conciertos en EE.UU. o Cuba), nacida dentro del boom de los '80, pero que nunca llegó a tener ese explosión definitiva a la fama, que sí han tenido otras formaciones a las que, musicalmente, no les tiene nada que envidiar.
Muy pronto, Bajo Ulloa se dio cuenta de que ese concierto, inicialmente previsto para lanzar en DVD junto al último disco, se iba a convertir en una película. La verdad es que alterna diferentes tipos de material a lo largo del metraje, desde el concierto, las entrevistas íntimas y personales, e interesantes imágenes de archivo. El planteamiento adoptado por el cineasta es diametralmente opuesto al del fenómeno Spinal Tap y a todo lo que aquel supuso. La principal premisa del documental es la contraposición del concepto de éxito como realización personal, como el haber hecho lo que uno quería, con respecto a la idea de éxito más extendida en el imaginario occidental, sobre todo en cuanto a la música: superventas, discos de platino o conciertos multitudinarios en todo el mundo, aparte ya de los rancios tópicos del sexo salvaje y promiscuo, las drogas como fuente de energía y el vivir peligrosamente porque sí.


Las características audiovisuales más destacadas son una realización muy particular, presente sobre todo en las entrevistas, donde 'descompone' a los entrevistados, a las personas, en pequeños y numerosos planos detalle, como buceando en sus interiores, y de esta manera los testimonios y las anécdotas que éstos cuentan resultan más profundos, cálidos y cercanos. Por otra parte, un hábil montaje, con la base del propio concierto alternado con las entrevistas y con el material de archivo, que va logrando una emoción progresiva, llegando a un clímax, el final del concierto, equiparable al que se produce al ver al “olimpo” de los músicos en el número final de El último vals, de Martin Scorsese.
En definitiva, Historia de un grupo de rock es un homenaje a Distrito 14, y por extensión a todos esos grupos que suenan en la radio, nos resultan agradables, pero no identificamos, que les ha faltado un pequeño empujón para alcanzar la celebridad, pero que ni mucho menos carecen de éxito, ya que han hecho realmente lo que han querido y lo que les ha gustado. El propio Juanma Bajo Ulloa afirmaba que, de alguna manera, está dialéctica está también presente en su carrera de cineasta, en la que ha habido grandes momentos y también lagunas, pero que nunca se ha entregado realmente a la industria y a los cánones que esta impone, siempre ha preferido realizar sus proyectos personales, lo que le gustaba. No ha hecho todo lo que ha querido, pero sí ha querido todo lo que ha hecho. ¿Acaso no es mejor este éxito que la fama?

It might get loud supone la consagración de su director, David Guggenheim, ganador del Oscar en 2007 por el documental Una verdad incómoda, que con las series de TV ha tenido la cal (Deadwood) y la arena (el inexplicable remake de Melrose place), y sus largometrajes (Rumores que matan, Grace) no terminaron de convencer.
Para esta ocasión, el cineasta juntó a tres de los mejores guitarristas de la historia del rock: Jimmy Page (Led Zeppelin), The Edge (U2) y Jack White (The White Stripes y actualmente The Dead Weather), tres generaciones, tres estilos, tres propuestas bastante diferentes entre sí, pero al fin y al cabo, tres virtuosos con interesantes puntos en común. Con ellos organiza una 'cumbre' intimista de la guitarra, y mete a los tres dentro de un viejo almacén con sofás y amplificadores.
Se trata del relato de la búsqueda de un sonido inigualable y personal, de llegar a conseguir que el espectador escuche lo que ellos escuchan en su mente. A la hora de buscar su propia senda, si fijaron en lo que había en la época en la que empezaron, se intentaron quedar con lo que les gustaba, pero sobre todo, lo que tenían muy claro era lo que no les gustaba, a lo que no se querían parecer. Page huyó a toda costa del pop meloso imperante en los '60, The Edge se desmarcó de los solos interminables y megalómanos característicos de los '70 y White manifestó su aversión por el predominio del bajo de mediados de los '80.
El director se sirve de material muy variado (imágenes de archivo, situaciones creadas y hasta animaciones), y construye un puzzle con las filias y fobias de estos virtuosos, haciendo hincapié en sus fantasmas personales. Es indescriptible la sensación de Page cuando viaja de nuevo al lugar donde compuso Stairway to Heaven, el arraigo que el conflicto irlandés tiene en las entrañas de The Edge (germen de la mítica Sunday bloody sunday) o la obsesión enfermiza por la música que asola a Jack White desde niño, como se puede ver en la animación que recrea la 'habitación-estudio' que se montó en su temprana adolescencia.
La experimentación e innovación continua de Jimmy Page, la búsqueda minuciosa del sonido perfecto de The Edge y la actitud punk constante de Jack White confluyen en un soberbio clímax final, esa jam-session en la que acaban tocando juntos un tema ideal para la ocasión: The Weight, de The Band: ¿os suena?

Destacar asimismo otras interesantes propuestas, como El sistema, documental de los alemanes Paul Smaczny y Maria Stodtmeier, en la línea de El milagro de Candeal de Trueba, que nos lleva a las escuelas de música creadas por José Antonio Abreu en las zonas desfavorecidas de Caracas, cambiando la vida de miles de niños. Y Pianomania: en busca del sonido perfecto, en el que los también alemanes Robert Cibis y Lilian Franck nos traen a la luz una figura siempre anónima pero imprescindible: la del afinador de piano, con su minuciosidad y perfeccionismo sin parangón.

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miércoles, 28 de octubre de 2009

SEMINCI 2009 - SEPTIEMBRE DEL '75 (2009) de Adolfo Dufour




HOMENAJE A UNA LUCHA INCANSABLE

Julio C. Piñeiro

La sección documental de la SEMINCI, Tiempo de Historia, se ha constituido siempre como un atril donde puedan expresar su voz los olvidados, aquellos que nunca coparán la actualidad informativa aunque sus causas claramente lo merezcan.

Éste es el caso de la familia Baena y, en concreto, de Flor Baena, hermana de uno de los cinco últimos ejecutados por el régimen franquista, el vigués militante del FRAP Xosé Humberto Baena. La lucha incansable de Flor Baena y su familia por limpiar el nombre de su hermano todavía continua, pese a esa Ley de Memoria Histórica que no es más que un quimérico e insuficiente remendón a esa verdad a medias que fue la Transición, cuya principal premisa fue hacer del olvido una virtud. Esa es la principal razón de ser del documental denunciante y reivindicativo Septiembre del '75, cuyo director, Adolfo Dufour, equiparó a Flor Baena con las sí célebres madres de la Plaza de Mayo.

Pronto se puede apreciar un arduo y minucioso trabajo de investigación, que se hace ver mediante la inserción de documentos oficiales, periódicos, cartas, etc. Con todo ello, el documental arroja una luz impecable sobre aquello que todos saben pero pocos se han atrevido a profundizar y mucho menos a relatar: las cinco últimas condenas a muerte del franquismo, que fueron a parar a tres miembros del FRAP y dos de ETA, se decidieron literalmente a dedo, ya el número de condenas, como sus destinatarios, como necesarios (para el régimen que daba sus últimos coletazos) chivos expiatorios ante la avalancha de violencia, recíproca, existente durante esos meses, que acabó con la muerte de tres miembros de los cuerpos de seguridad del Estado.

Parafraseando a Esquilo, la violencia es el germen del mal. He aquí la idea controladora del documental. Trata tres niveles de violencia progresivamente y consecuentemente engendrados: la violencia represiva del Estado ante cualquier movimiento reivindicativo o insurgente, la violencia con la que contesta el FRAP cuando toma la controvertida decisión de pasarse a la lucha armada, y finalmente, la pena de muerte, no sólo en este caso concreto sino en cualquier tiempo y lugar.

A partir de testimonios que nos ponen la piel de gallina, cuyos relatores parecen haber vivido el día anterior, nos describen las aberraciones de ese Consejo de Guerra Sumarísimo que acabó con esas cinco ejecuciones: la falta total de garantías, la negación a aceptar cualquier tipo de pruebas (muchas de la cuales hubiesen probado la inocencia de Xosé Humberto), y la aleatoriedad con que se se determinó quienes serían los cabezas de turco.

Ni la insistencia de la familia, que en un acto desesperado se dirigió por correspondencia al mismo Príncipe Juan Carlos, contestando éste que estaba fuera de sus manos; ni la fuerte presión extranjera, con protestas en toda Europa, retirada de embajadas o incluso una llamada personal del Papa Pablo VI al mismo Franco la noche anterior a la ejecución, fueron capaces de lograr el indulto. Mientras tanto, por las calles españolas imperaba ese clima de miedo, miedo a un régimen que quería morir matando, que se le iba el país de las manos. Así pues, cobran una connotación aún más fuerte las archiconocidas imágenes de la intervención de un Franco moribundo en la plaza de Oriente, coreado por cientos de incondicionales (o simplemente gente intimidada por ese clima de miedo), y defendiéndose, a duras penas, con temblores ya evidentes, de todas las acusaciones y condenas extranjeras, alegando todavía a esas alturas los caducos y pueriles postulados de la conjura masónica y la conspiración comunista.

La familia Baena todavía no ha conseguido justicia, pero lo seguirán intentando hasta el final. Tanto su incansable y valiente lucha como el arriesgado empeño de Dufour por enseñársela al público, en una coyuntura política que intenta huir, al contrario que en otros países, de las representaciones críticas del pasado más reciente, fueron dignos merecedores de unos calurosos y sinceros aplausos.

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martes, 27 de octubre de 2009

SEMINCI 2009 - EL ERIZO - Le hérisson (2009) de Mona Achache


SOÑADORES EN LA FAUNA

Julio C. Piñeiro

Esta producción francesa, dirigida por la debutante Mona Achache, ha tenido una gran acogida en el festival vallisoletano desde el momento de su estreno, dentro de la Sección Oficial, y se constituye como una firme candidata a la Espiga de Oro.

Se trata de una adaptación libre de la aclamada novela de Muriel Barbery, La elegancia del erizo. En la rueda de prensa posterior al estreno en el Teatro Calderón, el pasado sábado, en la que la realizadora estuvo acompañada por la actriz protagonista, Josiane Balasko, afirmó que, al tratarse de una novela muy literaria, valga la redundancia, se tomó la adaptación como un reto. Su intención fue conservar el espíritu de la primera lectura, esa que nos coge por sorpresa, desnudos, que no da apenas tiempo a analizar todos sus entresijos.

Lo que más le llamó la atención del libro original fue el trío protagonista: la joven Paloma (Garance Le Guillermic), la entrañable portera Renée (Josiane Balasko) y el enigmático nuevo inquilino japonés, el señor Ozu (Togo Igawa). Y precisamente en ellos establece los pilares de la narración. Contrapone desde el primer momento a estos tres individuos, introvertidos pero con un gran equilibro interno, con su aburguesado y cínico entorno, formado por seres aparentemente extrovertidos y abiertos pero con un mundo interior totalmente patas arriba.

La pequeña Paloma, desencantada de este mundo en el umbral de la infancia, graba con su cámara casera (versión audiovisual del diario en la novela) a toda la gente que le rodea, sus familiares, sus vecinos, como animales deambulantes por la sabana, como un pez rojo dando vueltas y vueltas en la pecera, metáfora esta última que la directora ha tenido el detalle de representar visualmente, dándole un plus de significación, sobre todo con su reaparición hacia el final del metraje, con una cierta intención anticipatoria. Son precisamente Renée y el señor Ozu los únicos que parecen escapar a esa inquietante tónica dominante, como erizos con duras púas pero sensible y frágil abdomen.

La directora impregna de onirismo y poesía, sin prescindir del necesario aroma revelador, un universo cotidiano encerrado en un edificio que actúa como un cuarto personaje, escondite de sus personajes ante la calle que se presenta como un vivero de aventura pero a la vez peligro, con terribles consecuencias. Crea una fábula atemporal en la que convergen una trayectoria iniciática, la de la niña curiosa e inteligente en los albores de la brecha de la adolescencia, con una concepción radical de la muerte como solución a la vida que le espera, la adulta, que le causa pavor; pero bajo su mirada se nos muestra otra trayectoria, de segundas (o últimas) oportunidades, con el encuentro de dos viudos, solitarios y soñadores que se resisten a caminar solos hacia la vejez. La inesperada resolución de esta segunda trayectoria funciona a modo de homilía para la pequeña Paloma, que de esta manera reinterpreta en un sentido más prudente los conceptos de la vida y la muerte que a su temprana edad ha desarrollado.

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lunes, 26 de octubre de 2009

SEMINCI 2009 - BUSCANDO A ERIC - Looking for Eric (2009) de Ken Loach


NO ES UN HOMBRE, ES CANTONA

Julio C. Piñeiro


Buscando a Eric inauguró el pasado viernes la 54º edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, proyectándose fuera de concurso dentro de la Sección Oficial. A continuación tuvo lugar una rueda de prensa a la que acudieron Paul Laverty, guionista habitual de Loach, y los actores Steve Evets y Stephanie Bishop, protagonistas del film junto al ex-futbolista francés Eric Cantona.

Todo surgió cuando Eric Cantona les propuso a Loach y Laverty, futboleros manifiestos, diferentes ideas para una película en la que él aparecería. Y viendo el resultado, la verdad es que el ex del United ha nacido para algo más que para fútbol. Ya enseñó sus dotes para el espectáculo propiamente dicho (si consideramos que sus acciones en el campo son sólo deporte) en recordadísimas superproducciones publicitarias de marcas deportivas, en las que, ya fuese como capitán y estandarte de una envidiable selección de cracks, o como maestro de ceremonias en la exhibición de posteriores generaciones de dioses del fútbol, derrochaba un carisma y un magnetismo sin igual. Vamos, lo que se dice un auténtico showman.

Se trata de la primera propuesta primordialmente cómica del realizador británico, indiscutible avatar del cine social, político y combativo de calidad. Precisamente a algunos les ha chocado que el tándem director-guionista haya escogido precisamente este momento de crisis para cambiar de registro y ofrecer una visión optimista. Pero, lejos de lecturas políticas sólo pretendidas por una voluntad sensacionalista, este optimismo (que de alguna manera está presente en toda su filmografía en forma de consecución de una estabilidad aceptable) no es ni mucho menos gratuito y escapista, sino que parte de un problema real, personal e intimista, posiblemente más intenso y, por supuesto, universal, que muchos problemas sociales y políticos concretos.

El protagonista, Eric Bishop, cartero de Manchester y forofo del United, está pasando por un mal momento sentimental y familiar, al que responde arisco y encerrado en sí mismo. Hasta que aparece su ídolo y tocallo, el mismísimo 'The King' Cantona, personificando a su voz interior que, con un inglés afrancesado, le enseña a apoyarse en los demás, a dejarse ayudar, para así salir de su crisis personal.

Es un película de respuestas, un rito de tránsito caracterizado por la camaradería, el espíritu de grupo, la redención, la confianza en uno mismo y en los demás, y la búsqueda de la dignidad. No se basa en el endiosamiento del ídolo, al que por el contrario dibuja entrañable, con sus propios defectos (genial el momento en que hace sonar la trompeta sin demasiado virtuosismo), anti-ególatra (cuando le confiesa a Eric que su mejor momento fue un excelente pase a un compañero, más que cualquier gol) y como forma que toma la propia conciencia para que así se le escuche.

Tampoco es un film que hable de fútbol, sino que toma de este deporte/espectáculo de masas la gran devoción, pasión y sentimiento colectivo que a él están ligados. Todo ello se amalgama en esa memorable secuencia en la que cinco autobuses de 'Cantonas' destrozan la casa del mafioso local (un personaje muy reconocible en las historias de Loach) y lo avergüenzan para que así deje en paz a uno de sus compañeros: todos para uno, y uno para todos.

Aunque sí dedica un homenaje a esos equipos modestos, de barrio (cuando mencionan al FC United), que representan la garra, la entrega y el coraje, frente al mediatismo, el divismo y las grandes cifras de los gigantes del fútbol moderno. En la rueda da prensa, Paul Laverty no olvidó unas 'dedicatorias' para los magnates que se han hecho con el control de históricos del fútbol, como Glazer, actual propietario del United, Abramovich (Chelsea) o incluso Florentino Pérez (Real Madrid).

Se trata, en definitiva, de una divertida y entrañable historia sobre de la aceptación de uno mismo y la superación de los problemas personales con la ayuda por los demás, un alegato en contra del individualismo, y como un grupo unido es más fuerte que la suma de sus integrantes. Como en el fútbol, el juego en equipo prima sobre las individualidades.

Título: Buscando a Eric

Título original: Looking for Eric

Dirección: Ken Loach

Guión: Paul Laverty (idea original de Eric Cantona)

País: Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, España

Reparto: Steve Evets, Eric Cantona, Stephanie Bishop, Lucy Jo Hudson, Gerard Kearns, Stefan Gumbs

Fotografía: Barry Ackroyd (B.S.C.)

Dirección Artística: Fergus Clegg

Vestuario: Sarah Ryan

Música: George Fenton

Duración: 119 min


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viernes, 23 de octubre de 2009

YO, TAMBIÉN (2009) de Álvaro Pastor y Antonio Naharro


DIFÍCIL NO ESTAR

DE ACUERDO

Eloy Domínguez Serén


Probablemente la siguiente afirmación suene de lo más paradójica, pero creo que el mayor reproche que se puede hacer a Yo, también es que difícilmente puede no gustar y/o complacer. La película de Álvaro Pastor y Antonio Naharro conmueve, emociona, solidariza... Uno sale de la sala de cine sintiéndose un poquito más optimista, tolerante y vital que cuando entró. Como se suele decir, es un producto que funciona. Es así porque cada uno de los elementos del film ha sido seleccionado y dispuesto de modo que impide cualquier desacuerdo con sus argumentos. No hay segundas lecturas ni discusiones posibles y, a pesar de ser una obra innegablemente valiente, es lo bastante políticamente correcta como para evitar cualquier tipo de controversia.

Honestamente, creo que la sencillez con la que genera unanimidad esta película podría llegar a ser contraproducente en relación al mensaje que se pretende transmitir. Todo se nos ofrece ya digerido, de modo que nos limitemos a contemplar y asentir con la cabeza. Aquello que no requiere de un esfuerzo por parte del espectador difícilmente logra remover más allá de la superficie y las buenas intenciones se quedan… en eso, en sólo buenas intenciones.

En el aspecto social, por lo tanto, el mensaje es aceptado, compartido, apropiado, correcto… sin más. Sin embargo, en el plano cinematográfico Yo también está plagada de virtudes, comenzando, por supuesto, por su protagonista Pablo Pineda, vencedor del premio al mejor actor en la pasada edición del Festival de San Sebastián. Resulta pasmosa la capacidad de Pineda para meterse al espectador en el bolsillo desde la primera secuencia del film. El personaje de Daniel resulta fascinante por su vitalidad, optimismo y bondad, pero, por encima de todo, adoramos el exquisito sentido del humor de quien se define como un “síndrome de Down de los pies a la cabeza”. Su líneas de diálogo destilan ingenio, honestidad y picardía, pero también el dolor de quien lucha por ser respetado como cualquier otro semejante.

Por su parte, Lola Dueñas, también premiada en Donosti, está sensacional en su papel de mujer desencantada, herida y vacía. De hecho, el gran acierto de esta película es el buen gusto con el que hace creíble una trama que podría caerse por su propio peso, pero que, sin embargo, convence gracias al magnetismo de la pareja protagonista, maravillosa en las deliciosas escenas de intimidad, amistad y cariño mutuo que comparten a lo largo del film.


Título: Yo, también

Dirección: Antonio Naharro, Álvaro Pastor

Reparto: Pablo Pineda, Lola Dueñas, Joaquín Perles, Teresa Arbolí, Pepe Quero, Roma Calderón

Guión: Álvaro Pastor, Antonio Naharro

Fotografía: Alfonso Postigo

Montaje: Nino Martínez Sosa

Duración: 105 min.

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jueves, 15 de octubre de 2009

ÁGORA (2009) de Alejandro Amenábar


EL CIELO SOBRE ALEJANDRÍA


Eloy Domínguez Serén

A pesar de que durante los últimos años se ha establecido una asociación implícita entre los términos ‘fundamentalismo’ e ‘islámico’, la definición de fundamentalismo implica todo posicionamiento radical que imponga los principios de una doctrina o ideología como inamovibles y absolutamente verdaderos. Así, aplicado a la religión, el fundamentalismo supone el sometimiento a la literalidad e infalibilidad de los libros sagrados. Esta intransigencia extrema es el detonante de la escena clave de Ágora, en la que Cirilo, obispo de Alejandría, lanza un durísimo alegato contra la mujer a través de la lectura de un pasaje de las sagradas escrituras.

Esta secuencia es el punto de confluencia de dos tramas que, hasta ese momento, habían avanzado de modo paralelo, aunque no estrictamente interdependiente. Por un lado, el progresivo alzamiento del sectarismo y fanatismo cristiano en la Alejandría del siglo IV d.C. Por otra parte, el retrato hagiográfico de una filósofa que dedica su vida a la astronomía. Por lo tanto, la importancia del discurso de Cirilo es la de aunar diferentes tesis expuestas en el film: la caída del esplendor clásico en detrimento del fanatismo religioso, la derrota del pensamiento empírico frente al fundamentalismo y el bloqueo a las libertades de la mujer a través de doctrinas intolerantes.

En los tres casos podemos establecer sendas analogías con preocupantes circunstancias actuales, incluso a través de la vigencia de acciones tan espeluznantes como la lapidación. En este sentido, la metáfora es irreprochable. Sin embargo, más allá de lo simbólico, ambas tramas se caracterizan por un tono frío, distante y excesivamente explicativo y didáctico. La historia no engancha ni emociona y difícilmente entretiene. La propuesta tiene la virtud de desvincularse de la mera espectacularidad de este tipo de superproducciones, pero tampoco resulta efectiva en su búsqueda de trascendencia. En este contexto, los personajes son un mero vehículo para articular la materialización de la barbarie, carecen de profundidad e imposibilitan la empatía, hasta el punto de que incluso la protagonista Hypatia (Rachel Weisz) se antoja apática.

En términos generales el resultado de Ágora es insuficiente y los trazos de genialidad que han definido a Amenábar a lo largo de su carrera apenas se contemplan en la majestuosidad con que se reconstruye la mítica Alejandría o la excelente ambientación del ocaso de una de las más esplendorosas civilizaciones de la historia de la humanidad.


Título: Ágora

Dirección: Alejandro Amenábar

Guión: Alejandro Amenábar y Mateo Gil

País: España, EEUU

Reparto: Rachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac, Michael Lonsdale

Fotografía: Xavi Jiménez

Vestuario: Gabriella Pescucci

Duración: 126 min.

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