miércoles, 11 de febrero de 2009

EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON - David Fincher (2008)


POLVO ERES Y EN POLVO
TE CONVERTIRÁS

Eloy Domínguez Serén


“Uno puede maldecir, decir palabrotas y blasfemar, pero, al final, tiene que resignarse”; masculla uno de los personajes de El Curioso Caso de Benjamin Button. Todo mortal sueña con poder emular al caballero cruzado Antonious Block (Max von Sydow) en El Séptimo Sello (1956): desafiar y engañar a la mismísima Muerte, para, así, tener la más mínima oportunidad de prorrogar el desenlace de nuestra efímera existencia. Sin embargo, tal y como resuelve Ingmar Bergman en su obra maestra, el tercer acto de nuestras vidas será irremediablemente consumado, con o sin demora, y todos conocemos de antemano cuál será el final de la historia. Todos, incluso Benjamin Button, un ser humano cuyo organismo evoluciona al contrario que el de sus semejantes: nació siendo un anciano octogenario e irá rejuveneciendo a cada instante. Su camino es especular al nuestro, pero su destino es exactamente el mismo. Polvo eres y en polvo te convertirás.

Ante esta perspectiva, la película de David Fincher aboga a favor de la siguiente reflexión existencialista: si todos tendremos un final idéntico, lo importante ya no es qué, cuándo ni cuánto vivimos, sino cómo lo hacemos. Si Antonious Block decidía medirse en duelo con la Muerte en la obra bergmaniana, Bejamin Button ha asimilado a ésta como una sombría pero inseparable compañera de viaje. No obstante, el protagonista vive su infancia en una casa de retiro, un espacio donde la Muerte hace periódicamente acto de presencia. Así, Benjamin no tardará en comprender que “todos estamos destinados a ver morir a quienes amamos”.

Pero El Curioso Caso de Benjamin Button no sólo es una magnífica fábula existencialista. La cinta de Fincher es un absoluto prodigio técnico que fascina en cada uno de sus frentes abiertos: la trágica historia de un amor imposible, el retrato de la voracidad del tiempo, el rechazo a la asunción de lo diferente como agente marginal y la invitación a la reflexión y rectificación de los males de la sociedad occidental del último siglo. El mensaje es turbador: si no volvemos sobre nuestros propios pasos para enmendar el mal que hemos hecho (idea representada por el reloj cuyas manecillas girar en sentido antihorario), la única vía posible de redención y purificación para nosotros será la devastación (simbolizada en el film por la amenaza del huracán Katrina).



EL RELOJ DE LA VIDA
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Julio C. Piñeiro
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El tiempo pasa irremediablemente, da igual la dirección en la que avance. Eso es lo que sin duda nos enseña Fincher con esta piedra preciosa, a partir del relato de Francis Scott Fitzgerald, indiscutible candidata a película del año y gran favorita para los Oscar.

El ritmo narrativo que el consagrado realizador le imprime a la película parece conjuntarse, aprovechando la ocasión, con el funcionamiento del peculiar reloj que el gran artesano Mr. Cocteau fabrica para la Estación Central de Nueva Orleans. Fincher consigue sumergirnos en las casi tres horas de metraje sin que tengamos la más mínima tentación de comprobar la hora o acordarnos de nuestras necesidades fisiológicas.

Y es que Benjamin nos emociona, empatiza con nuestras emociones, con nuestros miedos. Puede que sea un resumen de la mayoría de la vidas humanas. Un individuo de buen corazón, con una característica extraordinaria, que pese a gozar continuamente de segundas oportunidades, comprobamos poco a poco que está hecho con la misma materia caduca que todos nosotros, física y emocionalmente.

Una trayectoria vital invertida: inocencia octogenaria, entusiasmo e ilusión con canas, arrugas y alopecia, madurez cuando la crisis adulta, incertidumbre veinteañera, y finalmente, senilidad pediátrica.

Brad Pitt logra la que seguramente quedará como la mejor interpretación de su carrera. Consigue extrapolar sus sensaciones infantiles bajo un cuerpo desgastado, se remonta diez o quince años en su mente conservando su aspecto cuarentón actual, translada su incertidumbre de presente y futuro a su imagen de joven guaperas que lo hizo famoso, y así toda una serie de anacronismos estado físico/madurez mental. Todo ello apoyado por una sobresaliente labor de maquillaje.

Asimismo es loable el trabajo de Cate Blanchett, incansable todoterreno que nunca decepciona. En este caso, se mete en la piel de Daisy, personaje con el que Benjamin Button comparte sus sentimientos más intensos. Funciona como una especie de anverso de la moneda, un compendio de las réplicas, las impresiones que Benjamin crea en los personajes que conoce a lo largo de su 'invertida' vida. Daisy se siente débil y perecedera ante su extraordinaria cualidad, para luego ir descubriendo progresivamente sus conflictos internos y vitales, que en definitiva no difieren demasiado de los de cualquier persona cuyo reloj biológico funcione normalmente.

De entre los secundarios, llama la atención Elizabeth Abbott (Tilda Swinton), mujer de un embajador inglés, amante de Button durente sus nocturnos y reveladores encuentros en un frío hotel ruso. Tras separarse sus caminos, ella reaparece mucho más adelante en el metraje, en la TV, como la mujer que ha batido impensables desafíos de natación en mar abierto. En este personaje es donde se hacen más evidentes las similitudes que este film puede despertar, a priori, con Forrest Gump o Amélie. O también el Capitán Mike (Jared Harris), hedonista lobo de mar sin remedio, muy influyente en la vida de Benjamin.

Y, al igual que Forrest Gump, pero de manera menos evidente, la película va ambientando el relato en las diferentes etapas de la historia norteamericana del siglo XX, con clara intención de homenajearlas: las dos Grandes Guerras (al final de la primera nace nuestro protagonista), la Gran Depresión (los parados buscando trabajo en el puerto), los locos años '50 (las imágenes de Brad Pitt en moto y chupa de cuero tienen intenciones referenciales más que obvias), el movimiento hippy (la llamativa secuencia en que Benjamin y Daisy preparan su nueva casa), etc.

El estilo visual y narrativo guarda una tendencia, en general, clásica, con toques lumínicos y coloristas, que pueden recordar a las imágenes de Jean-Pierre Jeunet. Por tanto, no tiene casi nada que ver con los trabajos anteriores de Fincher, tanto el estilo videoclipero de El Club de la Lucha o Seven, marca de la casa, o la opción sobria y realista de la reciente Zodiac. Pero en momentos puntuales, como en la historia de Mr. Cocteau, o la secuencia de coincidencias previas al atropello de Daisy, Fincher no resiste la tentación y se homenajea a sí mismo, apelando especialmente a sus seguidores, aunque siempre camuflado bajo el look general de la obra.

Francis Scott Fitzgerald puso los cimientos hace más de ochenta años. Una gran producción, con un excelente plantel técnico, sirvió de soporte a la cúpula central, la interpretación de Brad Pitt. Todo ello coordinado por el genuino arquitecto David Fincher. Innegable consagración para ambos, que entran a forman parte del salón de los virtuosos del séptimo arte.

Ahora que el reloj de Mr. Cocteau funciona hacia delante, la cuenta atrás es aquella que acaba el próximo día 22, en la gala de los Oscar.

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lunes, 19 de enero de 2009

MI NOMBRE ES HARVEY MILK - Milk (2008) de Gus Van Sant

EL PRECIO DEL SUEÑO AMERICANO

por Eloy Domínguez Serén


Clint Eastwood aseguraba en El Bueno, el Feo y el Malo (1966) que "el mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado y los que cavan". Pues bien, del mismo modo, yo afirmo que los ‘biopics’ se dividen también en dos categorías: las biografías de personas y las biografías de personajes. La primera de ellas indaga en quién hizo qué (Toro Salvaje, Patton… ); mientras que la segunda se decanta por exponer qué hizo quién (Lawrence de Arabia, La Lista de Schindler…). En este sentido, Mi nombre es Harvey Milk podría interpretarse como un planteamiento afín a esta segunda categoría.

Tras completar su llamada ‘trilogía de la muerte’, con Gerry (2002), Elephant (2003) y Last Days (2005); y poner punto y final a un ciclo con Paranoid Park (2007), Gus Van Sant vuelve a coquetear con la industria hollywoodiense en su nuevo film, en el que narra los ocho últimos años de vida de Harvey Bernard Milk, ferviente activista a favor de los derechos de los gays y primer político declaradamente homosexual elegido en los Estados Unidos para un cargo público. En concreto, para el de concejal en el ayuntamiento de San Francisco.

Si sus cuatro anteriores obras conformaban una elegía al aislamiento, la violencia, la muerte y el silencio; Mi nombre es Harvey Milk es un atronador grito a favor de las igualdades sociales, la integración y las libertades colectivas. Un alegato que hace de esta cinta una obra tan necesaria como oportuna.

Sean Penn logra hacer suyo un personaje incisivo, persuasivo, perseverante, comprometido… Sin embargo, surgen muchas incógnitas en torno al Harvey Milk fuera del ámbito político. A pesar de que es el protagonista quien narra su propia historia, la inmersión en la psicología del Harvey Milk humano es muy superficial, privilegiando la exposición de los hechos y los logros. Situación análoga a la del resto de personajes, mal definidos a pesar de las buenas interpretaciones de los sorprendentes James Franco y Emile Hirsch y del consagrado Josh Brolin. Sobre Diego Luna, sólo diré: patético.

Sin embargo, la película cuenta con importantes puntos fuertes, como el sobresaliente montaje, en el que se acoplan brillantemente imágenes de archivo con el metraje de Van Sant; y la precisión y clarividencia documentarística del guión escrito por Dustin Lance Black.

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jueves, 15 de enero de 2009

ROCKNROLLA - Guy Ritchie (2008)

LA REDENCIÓN DE GUY RITCHIE

por Eloy Domínguez Serén


Guy Ritchie ha vuelto... hasta cierto punto. Escarmentado de su frustrada etapa de ‘autorreinvención’, con la imperdonable Barridos por la Marea (2002) y la aparatosa Revolver (2005), el cineasta británico vuelve a aferrarse a su fórmula ganadora, aquélla que lo erigió como director de culto a finales de los noventa: excéntricos maleantes de poca y mucha monta con nombres extravagantes, un abanico de historias enmarañadas (cada cual más delirante), diálogos ingeniosos e hilarantes, escenas electrizantes, manguis, macarras, yonkis, soplones, puños y balas. Todo un batiburrillo frenético y desternillante de estética videoclipera por las corruptas calles de Londres, acompañado de una excelente banda sonora (especialidad de la casa).

Los barrios bajos y poblados de chabolas londinenses son desplazados esta vez por locales ‘cool’ y rascacielos de la ‘City’; el tráfico de drogas y amaño de combates dan paso a la especulación inmobiliaria; las drogas, armas y diamantes son ahora cuadros y licencias urbanísticas; Jason Statham pasa a llamarse Gerard Butler; y, por primera vez, un personaje femenino cobra relativo protagonismo. Pero, a pesar del enmascaramiento, RocknRolla sigue siendo más de lo mismo. Guy Ritchie vende su alma al Diablo a cambio de redención, reconciliación con su público y, por qué no, de una gallina ponedora. El inglés se abona a la moda de ‘remakear’ y se copia a sí mismo, algo, por otra parte, completamente lícito.

El riesgo de este estratagema es su inevitable carácter de arma de doble filo: ofrecer ‘bueno conocido’ es apostar a caballo ganador, pero también impulsar la comparación, y RocknRolla sale mal parada al cotejarla con sus brillantes predecesoras: Lock & Stock (1998) y Snatch. Cerdos y Diamantes (2000). La cinta funciona, engancha, divierte, excita y encandila a ratos, con magníficas escenas, como la persecución de los matones rusos o el ‘incidente’ con el portero de discoteca, pero le sobran minutos y se excede en verborrea. Sus personajes ya no tienen el encanto y frescura de los Harry ‘El Hacha’, Tony ‘Dientes de Bala’, Boris ‘El Navaja’, Avi, Rory Breaker… sólo Lennie Cole (Tom Wilkinson) y Archie (Mark Strong) están a la altura; sus diálogos no son tan mordaces y perdurables, ni sus escenas tan turbadoras, ni tampoco su final tan impactante… Las comparaciones son odiosas, pero, Guy, tú te lo has buscado.


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miércoles, 24 de diciembre de 2008

CREPÚSCULO - Twilight (2008) de Catherine Hardwicke


VAMPIROS EN TIEMPOS DEL IPOD
por Eloy Domínguez Serén

He aquí una oda al estoicismo. Pese a sus aspiraciones fundacionales, Crepúsculo no va más allá de ser un doble y perverso ejercicio de contención temperamental. Por un lado, un joven vampiro posmoderno deberá someterse a la abstinencia forzosa de sangre humana, a fin de preservar su estatus de noble ciudadano americano. Análoga a esta encrucijada moral, está la nuestra, como público, obligados a hacer la vista gorda en demasiadas ocasiones para poder soportar durante 122 minutos la tortuosa, aunque edulcorada, historia de amor entre el frustrado adolescente chupasangres y su lánguida amada mortal.

Bella (Kristen Stewart), que así se llama la muchacha, se ve empujada a vivir con su insípido padre en un lluvioso pueblecito que, por supuesto, no le gusta nada de nada. A raíz de esta premisa, tópicos y típicos se suceden en torno a la nueva vida de la incomprendida joven, acentuados en el eterno y recurrente instituto teen movie.

No se hace esperar la irrupción ‘videoclipera’ en escena de Edward Cullen (Robert Pattinson), un atractivo, misterioso y lívido adolescente, cuya aparición dará sentido a la existencia de Bella, tan falta de melalina como sobrada de hormonas revolucionadas.

Precisamente el personaje de Edward es el elemento más atractivo de la cinta: un vampiro familiar, altruista e inseguro, cuya existencia es compatible con la luz diurna y comparte confidencias con su amada al compás de Iron & Wine y The Black Ghost. Sin embargo, la defectuosa definición del personaje y la apática interpretación de Pattinson (al más puro estilo Hayden Christensen) hacen estéril la propuesta de revitalización del arquetipo del vampiro en la gran pantalla.

Por supuesto, en esta fraudulenta actualización del mito ‘romeojulietano’ no pueden faltar los (tímidos) ‘peros’ de ambas familias. La de él, una pintoresca e incestuosa familia de vampiros bonachones perfectamente integrados en el sueño americano. La de ella, un padre comprometido con su trabajo de jefe de la policía local y una madre ausente con la que hablar de chicos por teléfono.

Ante semejante empalagosa historia de amor eterno, no puede faltar la pizca de azufre, encarnada en un trío de vampiros antropófagos, a mitad de camino entre el Drake de Blade: Trinity (Ídem, 2004) y el  Tybalt de Romeo y Julieta (Romeo + Juliet, 1996), que querrán saborear la apetitosa yugular de Bella.

La adaptación a la gran pantalla de la popular novela de  Stephenie Meyer ha demostrado ser un auténtico bombazo en taquilla (más de 70 millones de dólares el fin de semana de su estreno), pero dista mucho de ser una película a la altura de tan inusitado interés. La cinta es un producto creado a la justa medida de un target determinado por el colosal éxito de las novelas de Meyer, que desorienta a todo aquel que no esté familiarizado con la obra literaria. Por ahora, la primera en bajarse del tren es la directora de la cinta, Catherine Hardwicke (Thirteen, 2003), quien ya ha manifestado que no continuará al frente de la lucrativa y previsiblemente extensa saga cinematográfica de Crepúsculo.


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viernes, 5 de diciembre de 2008

CINEUROPA 2008 Edición XXII - Crónica


CRÓNICA GENERAL

Julio C. Piñeiro


Del 4 de noviembre al 3 de diciembre tuvo lugar en Santiago de Compostela la ya 22º edición de Cineuropa, que un año más llevó a la capital gallega una exquisita selección de cine independiente con el sello de grandes directores, reposiciones de films de culto y un panorama del cine gallego, tanto largometrajes como un cuidado elenco de cortometrajes, llegando a un total de más de 250 títulos.

Tuvimos la oportunidad de ver propuestas presentadas en los más prestigiosos festivales, como Cannes, San Sebastián o la más reciente SEMINCI. Cineuropa, como es habitual, ha sido de nuevo una parada obligada en el tour de festivales europeos.

Las proyecciones se realizaron mayormente en el Teatro Principal, el Aula Sociocultural Caixa Galicia y el Centro Galego de Arte Moderna.

La película elegida para la jornada inaugural fue A noite que deixou de chover, largometraje de producción gallega en estreno absoluto, ambientada en Santiago y con Luís Zahera de protagonista. La proyección fue un auténtico éxito: no quedó ni una sola localidad libre.

En la Sección Oficial destacaron, además del título inaugural, películas de reciente estreno en salas comerciales, como las italianas La desconocida (gran triunfadora en los David de Donatello de 2007) o Gomorra, polémico film que triunfó en Cannes (Gran Premio del Jurado), arrasó en los EFA (cinco galardones, incluyendo el de Mejor Película) y continua siendo un éxito internacional de crítica y de público, e indiscutible candidata a película del año. También piezas avaladas por el sello de grandes directores, como Genova, del outsider y prolífico Michael Winterbottom, Aleksandra, del experimentador cineasta ruso Aleksandr Sokurov (El Arca Rusa) o Las horas del verano, del francés Olivier Assayas, director a quien en este edición se dedica la habitual retrospectiva.

Además, las galardonadas La caja de Pandora, film turco vencedor de la última Concha de Oro, la francesa La clase, Palma de Oro en la pasada edición de Cannes, o Hace mucho que te quiero, Premio del Jurado Ecuménico en la 58º Berlinale y EFA a la Mejor Actriz para Kristin Scott Thomas. Las mejor valoradas por el público fueron dos producciones alemanas: en primer lugar, Cerezos en flor, conmovedor y particular drama familiar, a camino entre Cuentos de Tokio y Lost in translation; la plata fue para la polémica La ola, drama en tono documental que indaga sobre las posibiblades de que se vuelva a instaurar un régimen totalitario. La presencia española se redujo a las producciones históricas La buena nueva y La mujer del anarquista, que continúan con la últimamente habitual tendencia del cine español de llevar a la pantalla historias de la Guerra Civil y la posguerra.

En Panorama Internacional encontramos títulos muy variados de producción estadounidense independiente, como Traitor, thriller de terrorismo internacional, el drama de época The loss of a teardrop diamond, revival del universo de Tennesse Williams, o la comedia de intriga The Brothers Bloom, con clara influencia del cine de Wes Anderson. Asimismo, una buena dosis de cine sudamericano, como la uruguaya Acné, fusilada en la votación del público, o las triunfadoras de la última SEMINCI: la brasileña Estómago, Espiga de Oro por unanimidad y Premio al Mejor Actor (ex-aequo), la argentina El frasco (Espiga de Plata), muy aplaudida por el público, o La ventana (Premio de la Crítica Internacional), última propuesta del argentino Carlos Sorín, en su línea de cine casto y parsimonioso. Pero los laureles se los llevó la representación de Oriente Medio, con las dos películas mejor valoradas por los espectadores dentro de esta sección, y las mayores puntuaciones del total de títulos esta edición: la jordana Capitán Abu-Raed (8.5), que representará a aquel país en los Oscar, y la israelí La burbuja (8.4), drama sobre la homosexualidad, el choque de culturas y el hedonismo juvenil en un Tel-Aviv underground con el conflicto israelí-palestino de fondo.

Por otro lado, este festival siempre le ha prestado especial atención al cine documental. En esta ocasión, se clasificaron en dos secciones diferentes. En la primera, Documentos: Memoria e Presente, de tipo generalista, el tema que acaparó mayor protagonismo fue la pederastia, tratada en Twist of faith y Líbranos del mal, con un tono duramente anticlerical (ambas recibieron una nominación al Oscar al Mejor Documental, en 2005 y 2007, respectivamente). Se encontraron asimismo propuestas muy variadas, como los biográficos Carl Gustav Jung y Gonzo: the life and work of dr. Hunter S. Thompson, los combativos The big sellout (oro de esta sección en los premios del público) y McLibel, o el documental de montaje Hollywood contra Franco, en una línea crítica cercana a Cineastas contra magnates o Cineastas en acción.


La segunda sección, Doc: Music, cerraba el cerco en torno a retratos no-ficcionales de la vida y obra de diferentes músicos, lo que ha sido una de las caracterítisticas diferenciales de estaedición: desde leyendas del punk, como en Joy Divison o Joe Strummer: vida y muerte de un cantante, viejos lobos del rock en Tom Petty & The Heartbreakers: Runnin' down a dream, de la mano de Peter Bogdanovich, o CSNY/Déjà vu, dirigido por el propio Neil Young, hasta aquel célebre episodio en la vida del rey del soul en The night James Brown saved Boston, pasando por retratos íntimos de compositores en Glass: a portrait of Philip in twelve parts o Wild combination: a portrait of Arthur Russell, o incluso la sorprendente Corazones rebeldes, sobre un grupo de octogenarios de gira por el mundo versionando a grandes del rock de ayer y hoy. Esto no hace más que confirmar el auge de este subgénero, prolífico en este década gracias a directores de gran renombre como Martin Scorsese, padre de la serie The Blues (en la que participaron maestros de la talla de Clint Eastwood o Wim Wenders), No direction home: Bob Dylan o Shine a light, el citado Wim Wenders, con Buena Vista Social Club o The soul of a man (el episodio más destacable de la mencionada serie), Jonathan Demme (Neil Young: heart of gold), o incluso nuestro Fernando Trueba (Calle 54, El milagro de Candeal).


Otra de las más representativas filias de Cineuropa es el cine asiático. Y por no romper la tendencia, en esta edición le dedican una sección propia, Mundo Asia. No faltó la entrega anual de Kim Ki-Duk, a la que tanto está acostumbrado el público de este festival, aunque el film, Aliento, tuvo una recepción más tibia de lo esperado. La acompañaron títulos como Still walking, Sparrow,In love we trust (Oso de Plata al Mejor Guión en Berlín), Mongol, superproducción épica kazaja (nominada a Mejor Película de Habla No Inglesa en la pasada edición de los Oscar) que narra la vida y las hazañas de Genghis Kahn; o la controvertida El renacimiento, triunfadora en el Festival de Locarno pero masacrada por los espectadores, hasta el punto de haber quedado de última en la clasificación del Premio del Público.

Y por supuesto, no podía faltar un rincón para los amantes de la fantasía y la ciencia-ficción. En la sección Fantastique Compostela, tuvimos la ocasión de visionar films como Blindness, adaptación de Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, de la mano brasileño Fernando Meirelles (Ciudad de Dios), la producción sueca de vampiros Let the right one in o el pseudo-documental autobiográfico JCVD, que indaga en la figura de la estrella del cine de acción Jean-Claude Van Damme. Pero los platos estrella de este apartado fueron las reposiciones de Planeta prohibido, El hombre con rayos X en los ojos y El fotógrafo del pánico, tres clásicos de culto con mayúsculas.

Hubo asimismo un espacio reservado a Latinoamérica en Conexión Bos Aires, una selección de films procedentes del BAFICI (Festival Internacional de Buenos Aires), producciones en su mayoría argetinas y mejicanas, en donde se vieron, sobre todo, propuestas documentales, como Intimidades de Shakespeare y Victor Hugo, M o Construcción de una ciudad, además de las ficciones La sangre brota y El hombre robado o la experimental El cielo, la tierra y la lluvia. Aunque la que más dio que hablar fue, sin duda, Carne sobre carne, documental sobre la obra y el legado del realizador argentino Armando Bó, cineasta de culto, y su musa Isabel Sarli, todo un icono erótico del celuloide porteño. Su más célebre trabajo en conjunto lo tenemos en la mítica Carne, también proyectada en esta sección y que daría nombre al maratón de clausura de Cineuropa, del que fue título estrella.

De igual modo nos topamos con selecciones según el autor, como es el caso de la Retrospectiva. El elegido en esta edición fue el francés Olivier Assayas (en la imagen), de quien se proyectó su filmografía completa, incluídas las “rarezas” HHH: un portrait de Hou Hsiao Hsien, ensayo sobre el cine desde dentro, a través de su entrevista con el cineasta taiwanés, a lo Truffaut-Hitchcock, o el episodio del director galo en el film multiautoral Paris, je t'aime. Por otro lado, apartados dedicados a los Premios Cineuropa de este año, el catalán Jaime Rosales y el argentino Pablo Trapero, con filmografías breves pero suficientes para haberse consolidado como avatares de una nueva generación de cineastas, caracterizados por la experimentación, las nuevas formas narrativas y visuales y la creación de un cine más cercano a la realidad que nos ha tocado vivir.




Se reservó igualmente un hueco para los más pequeños de la casa, con la sección Cine Miúdo, con proyecciones de títulos de animación comerciales, como la coproducción hispanofrancesa P3K: Pinocho 3000, la nipona Doraemon y el pequeño dinosaurio, o las estadounidenses Space Chimps: misión espacial o Happy Feet: rompiendo el hielo, vencedora del Oscar al Mejor Largometraje de Animación en 2007. Completaron la representación del cine de animación la sección de cortometrajes Galiza Animada 2007 (con la esperada Man, acerca de Manfred Gnädinger, aquel ermitaño alemán de la Costa da Morte) y el largometraje en 3-D de producción gallega Espírito do bosque, secuela de O bosque animado, todo ello dentro de Panorama Galiza 2007-2008. La única, aunque genial propuesta animada para público adulto la tuvimos en la israelí Vals con Bashir, dentro del apartado Panorama Internacional, y recientemente vencedora en los Globos de Oro.




Panorama Galiza 2007-2008, selección del mejor audiovisual gallego del último año, fue un gran capítulo aparte. De hecho, las mayoría de sus proyecciones tuvieron lugar en espacios reservados, como fueron Arteria Noroeste y la Sede Fundación Caixa Galicia. De entre los largometrajes, llamaron especialmente la atención, además del título inaugural, el estreno absoluto de los documentales Manuel e Elisa (O trinta), de observación, que narra la rutina de un matrimonio de octogenarios, Flores tristes, de memoria histórica, sobre la represión fascista en Galicia durante la Guerra Civil. Y en la ficción, Cartas italianas, tercer largo del pontevedrés Mario Iglesias, y Pradolongo, la producción gallega más vista de todos los tiempos. Los cortometrajes, de tipologías muy dispares, fueron proyectados en sesión continua agrupados en mini-secciones: la ya citada Galiza Animada 2007, Cinema Non Reconciliado, Fábulas Curtas do Real, Variacións Ficcionais, Alén da Realidade, Do Amor e Outras Soidades y Ópticas Cruzadas. Los documentales, de corta y larga duración, siguieron un funcionamiento parecido, clasificados en Etnovisións, Memoria Histórica y Sociedade. Hubo, por último, un espacio de telefilmes y otro de largos experimentales, denominado Fábulas Longas do Real.

Cabe citar también las programaciones especiales nocturnas, tan características del festival. Estuvieron, como casi siempre, dedicadas especialmente a los amantes del cine de género: Historias para non durmir, con The Cottage, Home Movie y la ya mencionada La ola, tres curiosas y dispares concepciones del terror; el programa doble Sci-Fi Compostela, con los citados clásicos de ciencia-ficción Planeta prohibido y El hombre con rayos X en los ojos; o Unha de vampiros, con tres peculiares propuestas dentro del subgénero: Dracula: pages from a virgin's diary, Irma Vep y The addiction. Aunque hubo igualmente especiales basados en el autor, como A noite de Guy Maddin (en la imagen siguiente), que recopiló los tres títulos del extravagante director canadiense presentes en el festival: la “docu-fantasía” My winnipeg, la rareza musical The saddest music in the world y la anteriormente referida Dracula: pages from a virgin's diary, revisión del mito basada tanto en la novela de Bram Stoker como en el ballet de Mark Godden en aquella basado. Y también según el tema, como en la sesión doble Pederastias, con los mencionados Líbranos del mal y Twist of Faith, o las combativas y militantes Palestina en lucha, con las exitosas y comprometidas Capitán Abu-Raed y Vals con Bashir, y A noite americana: bye bye, Mr. Bush, con tres diferentes episodios de activismo y lucha antisistema en EE.UU.: Gonzo: the life and work of dr. Hunter S. Thompson, The night James Brown saved Boston y CSNY/Déjà vu.


Cineuropa no deja de sorprendernos. No faltaron las ya míticas “películas sorpresa” en medio de la programación. Pero la novedad de esta edición fueron los conciertos con acompañación visual, experiencias interdisciplinares que combinan música y cine, jugando con sus fronteras. La Banda Municipal de Santiago de Compostela fue la formación colaboradora, junto con The Chemical Orange, encargada de la ambientación musical. Ambos realizaron en conjunto dos de estos espectáculos. En el primero, Galiza anos 20: paisaxes e sons, sincronizaron música gallega, de origen folclórico y popular, con las primeras imágenes cinematograficas de Galicia. En el segundo, pusieron imagen a la suite Contos de Alentraia, de Eugenio Pazos Pintor, y a continuación proyectaron los cortometrajes Tornabón (debut de Luis Tosar) y Cabeza de boi, de José Carlos Soler, que tienen como banda sonora aquella suite. Hubo un tercero, ya de corte más experimental y postmoderno, el film-concierto Contraplano: en su primera parte combinaba una suite electrónica con secuencias de películas clásicas; el segundo acto exploraba la idea de la persecución.

El sempiterno maratón sirvió en esta ocasión de fin de fiesta. Su nombre, Carne, no dejaba lugar a dudas: más de 13 horas de cine carnal y visceral. El nombre lo tomó prestado del film estrella de la sesión, la sensual, desproporcionada y tronchante Carne, de Armando Bó, proyectada en el ecuador del maratón. Como compañeros de viaje, reposiciones de dos monstruos del cine de culto, Abel Ferrara y, como no, faltaría más, Russ Meyer, con la rareza vampírica The addiction, el primero, y su quintaesencia estilística Supervixens, el segundo. Siguieron la inquietante May, la orgiástica Shortbus, la coreana Mentiras, película sorpresa, y de nuevo El fotógrafo del pánico. Sexo, terror y lágrimas,... de risa. Como quien dice: “Siéntese y disfrute”.

Ha sido un mes repleto de drama, comedia, fantasía, La respuesta de los ciudadanos fue incluso mayor que las altas expectativas que ya de por sí había. Y a este ritmo, tiene pinta de que Cineuropa va ir a más en las próximas ediciones, en calidad, cantidad y variedad. El espectáculo debe continuar.



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