LA REDENCIÓN DE GUY RITCHIE
por Eloy Domínguez Serén
Guy Ritchie ha vuelto... hasta cierto punto. Escarmentado de su frustrada etapa de ‘autorreinvención’, con la imperdonable Barridos por la Marea (2002) y la aparatosa Revolver (2005), el cineasta británico vuelve a aferrarse a su fórmula ganadora, aquélla que lo erigió como director de culto a finales de los noventa: excéntricos maleantes de poca y mucha monta con nombres extravagantes, un abanico de historias enmarañadas (cada cual más delirante), diálogos ingeniosos e hilarantes, escenas electrizantes, manguis, macarras, yonkis, soplones, puños y balas. Todo un batiburrillo frenético y desternillante de estética videoclipera por las corruptas calles de Londres, acompañado de una excelente banda sonora (especialidad de la casa).

Los barrios bajos y poblados de chabolas londinenses son desplazados esta vez por locales ‘cool’ y rascacielos de la ‘City’; el tráfico de drogas y amaño de combates dan paso a la especulación inmobiliaria; las drogas, armas y diamantes son ahora cuadros y licencias urbanísticas; Jason Statham pasa a llamarse Gerard Butler; y, por primera vez, un personaje femenino cobra relativo protagonismo. Pero, a pesar del enmascaramiento, RocknRolla sigue siendo más de lo mismo. Guy Ritchie vende su alma al Diablo a cambio de redención, reconciliación con su público y, por qué no, de una gallina ponedora. El inglés se abona a la moda de ‘remakear’ y se copia a sí mismo, algo, por otra parte, completamente lícito.

El riesgo de este estratagema es su inevitable carácter de arma de doble filo: ofrecer ‘bueno conocido’ es apostar a caballo ganador, pero también impulsar la comparación, y RocknRolla sale mal parada al cotejarla con sus brillantes predecesoras: Lock & Stock (1998) y Snatch. Cerdos y Diamantes (2000). La cinta funciona, engancha, divierte, excita y encandila a ratos, con magníficas escenas, como la persecución de los matones rusos o el ‘incidente’ con el portero de discoteca, pero le sobran minutos y se excede en verborrea. Sus personajes ya no tienen el encanto y frescura de los Harry ‘El Hacha’, Tony ‘Dientes de Bala’, Boris ‘El Navaja’, Avi, Rory Breaker… sólo Lennie Cole (Tom Wilkinson) y Archie (Mark Strong) están a la altura; sus diálogos no son tan mordaces y perdurables, ni sus escenas tan turbadoras, ni tampoco su final tan impactante… Las comparaciones son odiosas, pero, Guy, tú te lo has buscado.
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