EL EFECTO RASHOMON
Julio C. Piñeiro
II. Historias cruzadas: diferentes protagonistas, mismos sentimientos.
Este film, rodado en el 2000, es la ópera prima de los mejicanos Alejandro González Iñárritu (director) y Guillermo Arriaga (guionista) e inicia una trilogía que concluye con 21 gramos (2003) y Babel (2006), ya de producción americana. Contra todo pronóstico, recibió a nivel internacional un aplauso unánime de crítica y público, convirtiéndose en la película latinoamericana más popular de los últimos años.
Pues bien, se trata de tres historias situadas en México D.F., cuyos elementos comunes están ya presentes en el título: las tres son historias de amor (más bien de desamor) y en las tres juegan un rol importante los perros, además de la connotación que este término acarrea: dureza, infortunio, sordidez,...
Las tres historias convergen en un accidente de tráfico, el cual funciona como una perfecta conexión física, necesaria para justificar y sostener esa confluencia temática.
La primera de ellas nos cuenta la vida de Octavio, un joven barriobajero cuyo perro, el Cofi, supone su principal fuente de ingresos, utilizándolo en combates tras los que obtiene beneficio con las apuestas. Vive con su madre, su hermano y Susana, la novia de este último.
El sueño de Octavio es huir con Susana, de la que está enamorado, y para ello explota a su mascota cada vez más. Un día se deciden y escapan juntos una vez, pero pronto ella rectifica. Al mismo tiempo, la situación de Octavio con su hermano es cada vez más tensa. Este no trabaja, se dedica a robar pequeños bancos.

La segunda historia comienza con el susodicho accidente. El coche que choca con el de Octavio lo conduce Valeria, una top-model. Estamos ante una historia de deterioro interno y degeneración espiritual, con cierta influencia de Cortázar. Ella queda gravemente herida en el accidente, sobre todo en una pierna. Mientras se recupera en casa, ve en el edificio de enfrente un cartel publicitario gigante con su imagen. Por otra parte, se origina un agujero en el suelo de su casa, bajo el que desaparece su perro.
La relación de Valeria con su marido se vuelve cada vez más fría y su perro ya no da señales de vida. Su deterioro va a peor, llegando al momento máximo cuando retiran el cartel de enfrente a la vez que su pierna es amputada.
El protagonista de la tercera y última historia es El Chivo, viejo profesor que, tras participar en la guerrilla, pasó veinte años en la cárcel. Ahora lleva una vida de vagabundo, durmiendo en casas abandonadas y adoptando los perros que encuentra. Él Pero echa mucho de menos a su hija, a la que abandonó a los seis años y que le cree muerto. Siempre intenta contactar con ella, pero nunca es capaz.
El Chivo se gana la vida como sicario. Un día, después de cumplir un encargo, en el que se da cuenta de que la víctima es medio-hermano de quiénes lo han contratado, ve a pocos metros la citada colisión, tras la que recoge al Cofi.

Más tarde, decide secuestrar a los dos hermanos que le habían contratado: los ata a un muro y deja una pistola cargada al alcance de ambos. Inmediatamente después se dirige a casa de su hija, donde no encuentra a nadie. Allí se prepara y acicala para recibirla, deja un fajo de billetes y un mensaje en el contestador. Finalmente, rompe a llorar, sin haber llegado a verla.
En este caso, el efecto Rashomon aparece bajo la forma de accidente de tráfico, en el que se cruzan, de un modo u otro, las tres historias, y que cambia la vida de todos sus protagonistas. Los creadores repetirán esta fórmula en 21 gramos. En cambio, el procedimiento en Babel es un poco diferente, por ello será tratado más adelante.
B. Crash: cruce de prejuicios en las metrópolis.
Paul Haggis (oscarizado guionista de Million dollar baby) dirige esta película en 2004, con la que se lleva el Oscar en 2006, imponiéndose, contra todo pronóstico, a la indiscutible favorita, Brokeback Mountain. Aquí ya no se trata, como en la anterior, de tres historias diferentes que convergen en un mismo punto, sino de muchas historias conectadas unas con otras, componiendo una especie de cadena.
Crash hace referencia a la vida urbana, a los (recurrentes) accidentes de tráfico, que en el peor de los casos suceden en cadena (un coche embiste a otro, este a una tercero, y así sucesivamente). Es exactamente lo mismo que les ocurre a los protagonistas del film. Sus historias se van cruzando hasta completar una suerte de círculo, en el que la última historia está relacionada con la primera.
La película se ambienta en la ciudad de Los Angeles, una gran metrópolis. En las grandes ciudades, a la vida le ocurre lo mismo que al tráfico: va a una velocidad tan alta que no nos damos cuenta de los prejuicios que tenemos. En concreto, este film habla de los prejuicios raciales.


Y todas las demás que he omitido. Vemos que ninguna de las historias funciona por sí sola: todas y cada una de ellas constituyen los anillos de una larga cadena, que dibujan en su totalidad un cuadro bastante sincero y realista (aunque su discurso haya sido considerado por la mayoría de los expertos como excesivamente simplista y facilón) sobre los prejuicios raciales en las grandes ciudades.
En este bloque podría haber tratado muchas otras películas, como Vidas cruzadas, de Robert Altman, Boogie Nights y Magnolia, de Paul Thomas Anderson (autor muy influenciado por la narrativa "altmaniana"), la comedia romántica navideña Love Actually o la más reciente Sin City, basada en el cómic de Frank Miller, y realizada por el propio Miller y Robert Rodriguez, con la colaboración de Quentin Tarantino, sobre cuyas películas se hablará más adelante. Además de algunos episodios de Los Simpson en los que parodian y al mismo tiempo homenajean este modelo narrativo y las películas que le corresponden.
Pero he escogido estos dos films porque constituyen los ejemplos más recientes y los que han puesto (mejor dicho, “repuesto”) de moda este tipo de narración.
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